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domingo, 3 de octubre de 2021

Recensión 1: Lectura 5 y artículo

TÍTULOS: 

Lectura 5. Una aproximación a la utilización del deporte en la educación

Artículo: Si hoy odio el deporte es porque mi profesor de educación física era un capullo


1.  Nombre: Izquierdo Sopeña, Raquel

2. Fecha recensión: Día 21/09/2021

3. Mapa conceptual


4. Crítica personal
Una vez leídos ambos textos es cierto que no me choca la situación que se expone que sucede en las clases de educación física. Esto se debe a que en mi infancia, yo también viví momentos similares. Desde hace muchos años atrás, han existido enormes diferencias entre hombres y mujeres, no solo con respecto a la biología, sino en relación a los derechos de unos y otros. Se lucha, aún a día de hoy, por encontrar la máxima igualdad entre ambos géneros. Sin embargo, vemos ámbitos, como en este caso en la Educación Física, donde aún se siguen notando las diferencias. Cuando clasificamos los deportes según el rasgo de si son más "expresivos" son de chicas y si son más de fuerza y velocidad son de chicos, es cuando perdemos esa igualdad que estamos buscando. Además, asociar el gusto por algún tipo de deporte a cada uno de los géneros lo único que consigue es cortar la libertad de expresión, ya que si a alguna chica le gusta el futbol puede que no lo demuestre por considerarse juego de chicos, o si a un chico le gusta el baile no lo diga por considerarse de chicas. 
Unido a esto, se aprecia una falta de interés en el deporte por parte de la población tras la escuela. Esta desmotivación por la actividad física de los alumnos al acabar su periodo escolar se debe, normalmente, a la asociación del deporte con recuerdos negativos que surgen en la escuela. Si los alumnos sufren experiencias traumáticas relacionadas con la actividad física durante su periodo escolar, es normal que en el futuro no sienten ganas por realizar deporte. 
  

5. Valoración personal
Con todo lo expuesto, la reflexión a la que llego tras la lectura y la tertulia realizadas es que en nuestras clases de educación física debemos exponer un ambiente cómodo y seguro, donde todos los alumnos puedan tener las mismas posibilidades de practicar un deporte que otro. Asimismo, no solo se expondrán los deportes normativos, sino que también se trabajará con deportes de uso menos frecuente como el volley ball, el hockey, el ultimate, el golf, etc. Así es más fácil que los alumnos puedan encontrar gusto por alguna de todas las actividades físicas realizadas y así poder seguir practicándola fuera del ámbito escolar.
Por otro lado, el desinterés que se sigue mostrando en la actualidad por el deporte debe disminuir. Como docentes, debemos conseguir que nuestros alumnos estén motivados en realizar algún tipo de deporte, debido a todos sus beneficios físicos y psíquicos. No tiene porque ser un deporte competitivo, puedes ser cualquier práctica deportiva que requiera de actividad física, con una normas y que se deba realizar con una cierta regularidad. Quiero influenciar positivamente a mi alumnado para fomentar la afición por el deporte mediante enseñanza de los beneficios que esta nos puede ofrecer y creando experiencias positivas en ellos. 

6. Bibliografía

Olivia, F. J. C. (2004). Una aproximación de la utilización del deporte en la educación. Lecturas: Educación física y deportes (73), 4.


7. Otras aportaciones:
En este apartado, me gustaría añadir una anécdota o experiencia mía acerca del deporte, que guardo como algo muy positivo. En mi colegio, como pasa en la mayoría de los centros, a la hora de practicar deporte en el recreo, los chicos tenían la pista de futbol para jugar todos juntos, y a las chicas nos habían asignado, socialmente, la zona del arenero, para jugar. Los chicos que no les gustaba el futbol era porque eran unas "nenazas" y se iban con las chicas a jugar al arenero. 
Esto sucedió así la mayoría de los años de Educación Primaria, hasta que en el 5º curso decidí que eso no era justo, que yo también quería jugar al fútbol. Entonces hable con mi tutora y le expuse la situación de que no entendía porque las chicas no podían jugar y que nosotras también teníamos derecho a usar la pista. Fue entonces cuando mi tutora me explicó que en ningún sitio ponía que tuviésemos prohibido jugar y le sorprendió que los chicos no nos dejarán jugar con ellos. Ella había supuesto que éramos nosotras las que no queríamos jugar al futbol. 
Fue entonces, cuando ella habló con los demás tutores del ciclo y les expuso el problema. Tras una semana de diálogos y decisiones, se llegó a una solución que pretendía contentar a todos. Se propuso un horario de juegos en el cual lunes y miércoles los chicos tenían la pista principal, martes y jueves las chicas, y viernes todos podía jugar contra todos. 
Al principio, esta decisión fue espantosa para los chicos, ellos veían como algo injusto este reparto equitativo del espacio. De tal forma, los días que los chicos no tenían la pista solo se dedicaban a gritar a las chicas y a reírse de ellas, malgastando su tiempo de recreo. Además, que los viernes cuando jugaban todos, el partido era chicos contra chicas, con intención por parte de los chicos, rencorosos, de destrozar personal y psicológicamente a sus contrincantes. 
Tras varias semanas de comentarios negativos y empujones, los chicos se dieron cuenta de que realmente no llegaban a nada, y de que las chicas simplemente querían hacer lo que ellos habían podido hacer todo el tiempo. Así fue como recapacitaron, y empezaron a animar a las chicas, a jugar a otros juegos; y los viernes en los partidos jugaban todos contra todos, haciendo equipos mixtos. De tal forma, todos se divertían, pasaban un buen rato haciendo deporte y desaparecía, aunque fuera por un segundo, esa separación social asociada al género. 
Dicho todo esto, a día de hoy, aún me siento orgullosa de ser aquella pequeña revolucionaria, que un día cambio el deporte, aunque solo fuera en su escuela. Y que además consiguió, que en los recreos, todos, tanto niños como niñas, hicieran lo que realmente les gustaba sin prejuicio alguno.

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